Esta concepción del
arte, tiene su origen, en que la estética occidental se basa en la teoría
platónica que insiste en la primacía de las formas ideales, proscribiendo
la representación exacta del mundo natural tal como lo vemos, y lleva
consigo una valoración negativa de lo verosímil. La dependencia de
la representación fotográfica del cuerpo con la realidad, ha condicionado
de manera determinante el desarrollo del desnudo en la fotografía.
Platón, en el
banquete, hace afirmar a uno de los invitados que existen dos Afroditas, a
las que llama Celestial y Vulgar, o, para darles títulos posteriores,
Venus Coelestis o Cristalina y Venus Naturalis o Vegetal, añadiendo
Aristóteles que “El arte completa lo que la naturaleza no puede terminar”.
Lograr que Venus dejara de ser vulgar para convertirse en celestial ha
sido el motivo de toda la historia del desnudo en el arte europeo.
Cuando a principios
del siglo XVIII los críticos ingleses trataban de convencer a los simples
habitantes de las islas de que en los países donde se cultivaban y
valoraban la pintura y la escultura como es debido, el tema central del
arte era el cuerpo humano desnudo, como medio de justificación del mismo,
introdujeron en la lengua inglesa la distinción entre el desnudo corporal
"the naked” y el desnudo artístico “the nude”. “La desnudez” corporal es
aquella en la que nos encontramos desvestidos, despojados de nuestras
ropas y entraña la incomodidad, incluso vergüenza, que experimentamos en
dicha situación. “El desnudo”, no comporta en su uso culto ningún matiz
incomodo. La imagen que proyecta en nuestro espíritu no es la de un cuerpo
encogido e indefenso, sino la de un cuerpo equilibrado feliz y lleno de
confianza. Es el cuerpo reformado.
La historia del arte
podemos estudiarla como la lucha entre ambas concepciones, bien como una
alternancia entre las mismas con periodos clasicistas y naturalistas, o
como la superposición del frío academicismo sólo preocupado por el “canon”
y aquellos que ven en el arte, no sólo un medio de crear objetos hermosos
y decorativos en los que recrear los sentidos, sino una forma de
expresarnos.
Hoy día podemos ver
claramente esta diferencia si comparamos el “desnudo artístico académico”
que prolifera en “revistas serias”, los “no desnudos artísticos” que
eufemísticamente llamados “posados artísticos”, en los que famosas y
púdicas presentadoras de televisión sustituyen aquella extraña enfermedad
vegetal que padecían las estatuas neoclásicas en los genitales por
estrellitas y conchitas que cubren el pezón, como si la diferencia entre
desnudo y vestido la marcase el último centímetro de piel o la absoluta
ausencia en la imagen de vello público, (cosa bastante difícil de ver en
una época en que se impone la foto-depilación integral). Estas “fotografías
artísticas” presentan el cuerpo como algo frío, distante e irreal,
alcanzando la “idealización artística” mediante un equipo de
maquilladores, peluqueros, estilistas e incluso cirujanos y entrenadores
físicos que borran todo rasgo humano del cuerpo.
Frente a esta
concepción, el postmodernismo, junto al abandono de la idea de que la
fotografía es una ventana privilegiada a la realidad y la verdad, optando
por hacer imágenes que aceptan que son artificios y el rescate de técnicas
y estilos proscritos por el modernismo formalista, propugna un cuerpo
naturalista como medio no sólo de expresar ideas y sentimientos, sino como
un auténtico campo de batalla de reivindicaciones políticas, extrayendo de
los cuerpos más humanos lo mas divino del hombre, su capacidad creadora y
de comunicación.
Volviendo a Sir
Kenneth Clark y a la primera cuestión planteada, dejando al margen si los
seres humanos somos dignos tal cual del arte o no, la fotografía de
personas, con ropa o sin ella, además de un tema fotográfico, puede ser
una forma de fotografía, por la sencilla razón de permitirnos establecer
un diálogo, una relación, con el “objeto fotográfico” y crear imágenes
fruto de la comunicación entre dos seres humanos en un momento y lugar
determinados, permitiéndonos fotografiar “sujetos” y no simples “objetos”
con todas las maravillosas dificultades e inconvenientes que ello
conlleva.
La concepción “al
uso” de ver a la modelo como una “víctima indefensa” por haber perdido la
protección de su ropa, bajo la mirada de un “Polifemo” tan profesional que
solo ve un objeto hermoso al que fotografiar, como si de un vulgar florero
se tratase, niega la esencia de esta forma de arte y por tanto, su
existencia, al negar la emoción del encuentro de dos personas con todo su
potencial intelectual y sensual, capaces de comunicarse entre sí y con los
demás y aunque una de las partes pierda posteriormente el control sobre el
proceso técnico, su aportación permanecerá en la obra definitiva.
El presente curso
propone al fotógrafo, el reto de romper con el formalismo convencional e
implicarse emocional y psicológicamente con el objeto fotografiado durante
el proceso creativo, aportando a la imagen creada algo de sí mismo, no
limitándose a plasmar de forma más o menos original aquello que tiene
delante. Nuestro cuerpo, con todas sus implicaciones socio cultural y
político y sometido a tabúes y modas, nos brinda un medio excepcional para
replantearnos nuestro modo de hacer fotografías, es decir, de nuestro modo
de creación artística.
Curro Petit