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“No existe un hombre en la tierra capaz de emitir un juicio definitivo sobre cual pueda ser la forma más hermosa del hombre...pues sería muy posible trazar dos figuras diferentes, sin que fuéramos capaces de determinar cual de las dos aventaja a la otra en belleza”.

DURERO.

INTRODUCCIÓN AL CURSO:

“FOTOGRAFIAR EL CUERPO”. UNA REIVINDICACIÓN POSTMODERNA DEL DESNUDO.

Aunque pueda parecer exagerado, es imposible entender y explicar nuestra cultura y nuestra civilización sin el cuerpo humano desnudo, sin “El Desnudo”. Es Grecia y el Mediterráneo la única cultura del mundo que ha puesto el cuerpo desnudo no solo en la base de su pensamiento y filosofía como medio para expresar los más altos ideales, sino que lo ha elevado en si mismo y sin referencia a otros elementos a la categoría de obra de arte, e incluso a la de Dios.

Para acercarnos al tema del desnudo artístico desde una concepción académica, debemos resolver esta pregunta; ¿qué es el desnudo? Según Sir Kenneth Clark, autor de uno de los más completos estudios sobre el tema, el desnudo es “una forma de arte” inventada por los griegos en el siglo V. A.d.C. antes que simplemente, un tema de arte. Esto según él, porque el cuerpo humano no se convierte en arte directamente, “copiándolo” del natural como un bello paisaje. El cuerpo humano es en su opinión, árido, difícil e imperfecto. Ante una figura desnuda, el artista debe perfeccionar, interpretar..., debe en definitiva, “inventar” un ideal.

Esta concepción del arte, tiene su origen, en que la estética occidental se basa en la teoría platónica que insiste en la primacía de las formas ideales, proscribiendo la representación exacta del mundo natural tal como lo vemos, y lleva consigo una valoración negativa de lo verosímil. La dependencia de la representación fotográfica del cuerpo con la realidad, ha condicionado de manera determinante el desarrollo del desnudo en la fotografía.

Platón, en el banquete, hace afirmar a uno de los invitados que existen dos Afroditas, a las que llama Celestial y Vulgar, o, para darles títulos posteriores, Venus Coelestis o Cristalina y Venus Naturalis o Vegetal, añadiendo Aristóteles que “El arte completa lo que la naturaleza no puede terminar”. Lograr que Venus dejara de ser vulgar para convertirse en celestial ha sido el motivo de toda la historia del desnudo en el arte europeo.

Cuando a principios del siglo XVIII los críticos ingleses trataban de convencer a los simples habitantes de las islas de que en los países donde se cultivaban y valoraban la pintura y la escultura como es debido, el tema central del arte era el cuerpo humano desnudo, como medio de justificación del mismo, introdujeron en la lengua inglesa la distinción entre el desnudo corporal "the naked” y el desnudo artístico “the nude”. “La desnudez” corporal es aquella en la que nos encontramos desvestidos, despojados de nuestras ropas y entraña la incomodidad, incluso vergüenza, que experimentamos en dicha situación. “El desnudo”, no comporta en su uso culto ningún matiz incomodo. La imagen que proyecta en nuestro espíritu no es la de un cuerpo encogido e indefenso, sino la de un cuerpo equilibrado feliz y lleno de confianza. Es el cuerpo reformado.

La historia del arte podemos estudiarla como la lucha entre ambas concepciones, bien como una alternancia entre las mismas con periodos clasicistas y naturalistas, o como la superposición del frío academicismo sólo preocupado por el “canon” y aquellos que ven en el arte, no sólo un medio de crear objetos hermosos y decorativos en los que recrear los sentidos, sino una forma de expresarnos.

Hoy día podemos ver claramente esta diferencia si comparamos el “desnudo artístico académico” que prolifera en “revistas serias”, los “no desnudos artísticos” que eufemísticamente llamados “posados artísticos”, en los que famosas y púdicas presentadoras de televisión sustituyen aquella extraña enfermedad vegetal que padecían las estatuas neoclásicas en los genitales por estrellitas y conchitas que cubren el pezón, como si la diferencia entre desnudo y vestido la marcase el último centímetro de piel o la absoluta ausencia en la imagen de vello público, (cosa bastante difícil de ver en una época en que se impone la foto-depilación integral). Estas “fotografías artísticas” presentan el cuerpo como algo frío, distante e irreal, alcanzando la “idealización artística” mediante un equipo de maquilladores, peluqueros, estilistas e incluso cirujanos y entrenadores físicos que borran todo rasgo humano del cuerpo.

Frente a esta concepción, el postmodernismo, junto al abandono de la idea de que la fotografía es una ventana privilegiada a la realidad y la verdad, optando por hacer imágenes que aceptan que son artificios y el rescate de técnicas y estilos proscritos por el modernismo formalista, propugna un cuerpo naturalista como medio no sólo de expresar ideas y sentimientos, sino como un auténtico campo de batalla de reivindicaciones políticas, extrayendo de los cuerpos más humanos lo mas divino del hombre, su capacidad creadora y de comunicación.

Volviendo a Sir Kenneth Clark y a la primera cuestión planteada, dejando al margen si los seres humanos somos dignos tal cual del arte o no, la fotografía de personas, con ropa o sin ella, además de un tema fotográfico, puede ser una forma de fotografía, por la sencilla razón de permitirnos establecer un diálogo, una relación, con el “objeto fotográfico” y crear imágenes fruto de la comunicación entre dos seres humanos en un momento y lugar determinados, permitiéndonos fotografiar “sujetos” y no simples “objetos” con todas las maravillosas dificultades e inconvenientes que ello conlleva.

La concepción “al uso” de ver a la modelo como una “víctima indefensa” por haber perdido la protección de su ropa, bajo la mirada de un “Polifemo” tan profesional que solo ve un objeto hermoso al que fotografiar, como si de un vulgar florero se tratase, niega la esencia de esta forma de arte y por tanto, su existencia, al negar la emoción del encuentro de dos personas con todo su potencial intelectual y sensual, capaces de comunicarse entre sí y con los demás y aunque una de las partes pierda posteriormente el control sobre el proceso técnico, su aportación permanecerá en la obra definitiva.

El presente curso propone al fotógrafo, el reto de romper con el formalismo convencional e implicarse emocional y psicológicamente con el objeto fotografiado durante el proceso creativo, aportando a la imagen creada algo de sí mismo, no limitándose a plasmar de forma más o menos original aquello que tiene delante. Nuestro cuerpo, con todas sus implicaciones socio cultural y político y sometido a tabúes y modas, nos brinda un medio excepcional para replantearnos nuestro modo de hacer fotografías, es decir, de nuestro modo de creación artística.

Curro Petit


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